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jueves, 26 de noviembre de 2009
martes, 24 de noviembre de 2009
No hay queja.
No me falta de nada, salvo aire.
¿Pero para qué quejarme?
Mejor meter la cabeza bajo el agua y esperar, ayudar a algunos peces que se crucen en mi camino mientras leo mi novela preferida; la que me arropa y consuela, la que me inunda con nuevas ideas y retiene el agua y sal de mis ojos, ese agua amarga que no calma mi sed pero consuela mi alma.
En fin. ¿ Para qué quejarme? Si no hay solución, si irremediablemente todo ha acabado.
¿Para qué narices me voy a quejar si debajo del agua nadie me oye y mi voz se pierde?
¿Pero para qué quejarme?
Mejor meter la cabeza bajo el agua y esperar, ayudar a algunos peces que se crucen en mi camino mientras leo mi novela preferida; la que me arropa y consuela, la que me inunda con nuevas ideas y retiene el agua y sal de mis ojos, ese agua amarga que no calma mi sed pero consuela mi alma.
En fin. ¿ Para qué quejarme? Si no hay solución, si irremediablemente todo ha acabado.
¿Para qué narices me voy a quejar si debajo del agua nadie me oye y mi voz se pierde?
lunes, 23 de noviembre de 2009
domingo, 22 de noviembre de 2009
Me gusta.
Me gusta lo frío, lo húmedo, lo dudoso, lo extraño, lo doloroso, lo misterioso, lo desconocido, lo lejano, lo inmenso, lo que tiene un principio difícil y un final fácil, lo mortal.
Me gusta vivir, me gusta morir.
Y el limbo.
Me gusta vivir, me gusta morir.
Y el limbo.
sábado, 21 de noviembre de 2009
viernes, 20 de noviembre de 2009
Con frivolidad.
miércoles, 18 de noviembre de 2009
Aquí estoy yo sentada ante mi folio con cigarro en mano. Me siento bien.
Segundo a segundo mi vida se consume como la ceniza y mi folio en blanco sigue.
Tras la ventana los montes se postran ante mí.
Segundo a segundo mi vida se consume y ellos siguen ahí.
Y cuando mi conciencia muera y mi cuerpo se consuma, mi recuerdo continuará vivo, silencioso y sobre todas las cosas, eterno.
Demasiado optimista sería creer que todo podría acabar algún día. De sueños, lamentándolo mucho, no se vive.
He aquí la prueba de la verdad, respiro humo sin nublarme hasta que deje de respirar y comience a soñar.
Segundo a segundo mi vida se consume como la ceniza y mi folio en blanco sigue.
Tras la ventana los montes se postran ante mí.
Segundo a segundo mi vida se consume y ellos siguen ahí.
Y cuando mi conciencia muera y mi cuerpo se consuma, mi recuerdo continuará vivo, silencioso y sobre todas las cosas, eterno.
Demasiado optimista sería creer que todo podría acabar algún día. De sueños, lamentándolo mucho, no se vive.
He aquí la prueba de la verdad, respiro humo sin nublarme hasta que deje de respirar y comience a soñar.
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