Esto es una historia veraz, de una chica real sin metas claras (¡yo!¡yo!)
Iba por la calle, tralarí tralará con dos amigas más.
Al principio hablaba, mantenía una conversación más o menos adulta pero entonces empecé a cruzarme con pequeños sujetos; una nueva generación.
Me puse un poco enferma porque ninguno me llamaba la atención, es decir, todos iban iguales y se comportaban igual y hablaban igual con sus mismos gestos. Incluso podría decir que tenían la misma altura pero eso no sé ya si era paranoia de mi mente o qué. El caso es que odio no poder distinguir dos niños de distinto padre y ya venía calentita de casa porque no tenía ganas de salir.
Bueno, intenté centrarme en escaparates y olvidarme de esos seres 'encuentralassietediferencias' cuando caí en algo que me tocó aún más las narices.
¡No chocaba con nadie! A ver, que sí, seguramente si chocase también me quejaría pero ¿ no comprenden lo que ello significa? NADIE IBA EN DIRECCIÓN OPUESTA.
Todos, todos íbamos en la misma dirección... no comprendo por qué pero me enfadé mucho. No fumo porros y aún así mi humor varía de forma extraña. El caso es que me puse a gritar como una oveja tres o cuatro veces en medio de la calle abarrotada de robots que ni me miraron, rematando la hazaña con un 'maldita manada esquizoide'
No soy peligrosa. Al instante recapacité y me sentí rara, estúpida e invisible.
Me puse las gafas para ver si me veían pero entonces vi yo misma con mas claridad que estaba haciendo el canelo y que no cambiaría el mundo con cuatro gritos en medio de la calle.
Caí de la burra y quise llorar pero en su lugar me compré una baraja.
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martes, 30 de marzo de 2010
lunes, 29 de marzo de 2010
El ritmo.
LLevaba un día con un frenesí inusual así que optó por sentarse en su cama en posición Buda y relajarse mirando la pared del otro lado de la habitación.
Los pensamientos relampagueaban en su cabeza a una velocidad vertiginosa hasta que se acercó a la oreja el 'pasavida' plateado.
Descanso, pensamiento, descanso.
Había sido lo suficientemente tonta como para olvidar que el ritmo no lo marcaba ella. Así que con los ojos cerrados procedió a memorizar aquella tensa ausencia. Por golpes de respiración, hasta que la inquietud por la rotura del silencio desapareciera y el ansia por la llegada del futuro mitigara.
Así fue como le llegó la hora de respirar sin compás ni prisa.
Los pensamientos relampagueaban en su cabeza a una velocidad vertiginosa hasta que se acercó a la oreja el 'pasavida' plateado.
Descanso, pensamiento, descanso.
Había sido lo suficientemente tonta como para olvidar que el ritmo no lo marcaba ella. Así que con los ojos cerrados procedió a memorizar aquella tensa ausencia. Por golpes de respiración, hasta que la inquietud por la rotura del silencio desapareciera y el ansia por la llegada del futuro mitigara.
Así fue como le llegó la hora de respirar sin compás ni prisa.
viernes, 26 de marzo de 2010
Na miña Terra.
Na miña Terra non cantamos ao falar.
Na miña Terra amosamos ser a choiva que zoupa no faiado ao pronunciar.
Na miña Terra amosamos ser a choiva que zoupa no faiado ao pronunciar.
miércoles, 24 de marzo de 2010
De viaje.
Antes de salir he hecho un hueco en mi hatillo para almacenar más momentos.
De los que no se olvidan.
De los que no se olvidan.
lunes, 22 de marzo de 2010
Ni por asomo.
Yo no quería escribir lo más hermoso del mundo y aquí me encuentro con mi mierda más penosa y patética cada día que pasa. A cada segundo sin menos confianza y más enfadada conmigo misma; no siendo yo ya ni por asomo. ¿ Y cómo huir?
Con mis cambios de humor repentinos y reprimidos. Con mi sonrisa amarga y mirada perdida, observando sin ver y andando sin caminar.
Sin cómplices ni atajos.
Cenando en un chino, cogiendo la galleta de la fortuna y tirándola contra la pared porque no está hecha para mí.
¿Qué te pasa?
Perdón, no te escuchaba, ¿qué decías?
Y no, hoy no estoy deprimida. Me voy a chupar limones.
Con mis cambios de humor repentinos y reprimidos. Con mi sonrisa amarga y mirada perdida, observando sin ver y andando sin caminar.
Sin cómplices ni atajos.
Cenando en un chino, cogiendo la galleta de la fortuna y tirándola contra la pared porque no está hecha para mí.
¿Qué te pasa?
Perdón, no te escuchaba, ¿qué decías?
Y no, hoy no estoy deprimida. Me voy a chupar limones.
sábado, 20 de marzo de 2010
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