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sábado, 9 de febrero de 2013

Un día como Hoy


      Hoy Santiago está nublado y aún así, Hoy, es uno de los días más bonitos que he visto desde el balcón.  Abrir la persiana del salón y ver que se han organizado juegos na Plaza Roxa. Que los niños, disfrazados, no están encerrados en casa y practican los juegos de siempre bajo la atenta mirada de sus padres desde una de las terrazas.

      Y es que hoy sus risas iluminan la bonita soledad de cualquiera y te hacen recapacitar sobre lo mucho que te gusta haber escogido participar en el futuro de tantas personitas, que sin pedirlo, gritan por más atención y dedicación, por un espacio más grande en nuestra sociedad. Esas personitas de las que tanto tenemos que aprender, completamente emocionales y que disfrutan jugando a la comba en un día nublado, como decía antes, como Hoy.

martes, 5 de febrero de 2013

Imagínalo


En el mundo que vivimos está a la orden del día que muchos se beneficien a costa de otros, del sufrimiento de los demás. Para que alguien sea rico tiene que haber un pobre, o mil, en este caso y para que alguien sea feliz otros miles serán infelices, así sucesivamente.

Posiblemente me equivoque pero por lo que he estado observando, dentro de nuestra humanidad no sé por qué, tendemos a regodearnos en nuestro sufrimiento, me incluyo. A nadie le gusta sufrir pero en ocasiones busca la forma, la excusa, de hacerlo.

Cómodo. Vivir una rutina, un dolor rutinario, palpable y conocido es mucho más cómodo.

Hay que dar un gran paso para dejar a un lado ese sufrimiento seguro y temporal para encontrarte luego con una realidad más complicada todavía pero de la que te aprovechas. Sacar un doble beneficio.

Yo creo en la realización de uno mismo mediante la ayuda a los demás.  Simples gestos que cambian momentos insignificantes en un principio pero que no sabes cómo van a repercutir en un futuro. Simples gestos que quizás no cuestan nada llevar a cabo pero donde modificas una mínima parte de una vida o una forma de ver las cosas mientras el resto lo dejas al azar y a esa persona en concreto. Creo que es una forma de entrenarse, sin gastar demasiada energía para en un momento dado ser capaz de dar lo máximo de ti mismo, de renunciar al sufrimiento propio y rutinario por aplacar el sufrimiento de los demás y de beneficiarte de su felicidad. Crecer como persona es un objetivo, en mi opinión, tan difícil de conseguir como satisfactorio y más cuando lo vinculas a la felicidad ajena. A la vez resulta tan tentador... Imagina un mundo en el que ‘La cadena de favores’ estuviese a la orden del día. Un mundo en el que das bienestar y recibes bienestar. Un mundo donde no hace falta que existan situaciones contrapuestas para que todo esté en su sitio, sino aprender de situaciones pasadas. Imagínalo porque es improbable que pase pero inténtalo y crece como persona lo antes posible porque el tiempo pasa y como cuando moldeas barro, llega un momento en el que te enfrías y lo máximo que podrás hacer es dar unas últimas pinceladas que no conseguirán tapar cómo te has ido construyendo.

viernes, 1 de febrero de 2013

Comisura, curva, comisura

Yo creo que hasta ahora, armada  hasta los dientes, ha abierto puertas, ventanas y vencido algún que otro miedo. Ha resbalado, caído y llenado vacíos. Respirado hondo, mirado atrás y con convencimiento, con la feliz curva que se abre breve paso entre comisura y comisura de la boca, pisado la puta realidad.

Aunque sus ojos no dijesen lo mismo. Aunque haya mentiras que no se crea hasta que las escribe y lee una y otra vez.

Siempre ha acabado saliendo todo bien.

domingo, 27 de enero de 2013

Solepaz.


Es en la soledad de este salón, ahora, cuando me doy cuenta del valor de la tranquilidad. De la suerte que he tenido al encontrarla.
El peso que te quitas de encima. El positivismo con el que ves las cosas y las afrontas.
Es en la soledad de este salón cuando me doy cuenta de la buena compañía que me hago y de lo agradable de preguntarme y responderme sin darle más importancia que la necesaria a mis cuestiones,  disfrutando de un vaso de agua y sintiendo el frío que entra por la puerta del balcón mientras la de la entrada se bate continuamente.

martes, 22 de enero de 2013

La clave

La clave, amigos, está en desear y amar todo lo que tienes. En poder aguantarte a ti mismo sin necesidad de alguien que te quite el peso de quedarte sólo con tus pensamientos. Poder disfrutar de una vida que está en tu cabeza y en el entorno del que respiras. La clave está en que abras los ojos y te des cuenta de que mientras vivas un simple gesto cambiará el curso de los acontecimientos. Que hubo y habrá tiempos mejores porque existen las malas temporadas y que nada ha terminado mientras detrás del último aliento le siga otro más acompañado de un salto.

lunes, 14 de enero de 2013

La ventana del autobús: Galicia.

A estas horas y desde dentro es difícil de percibir. Habría que apagar las luces internas y alumbrar fuera. Lo verías. Porque está, existe.
Toda una serie de parajes frescos, ricos en colores, teñidos ahora de un negro oscuro y tenuemente bañados por un, algo menos, profundo azul.
Sales. Humedad y condensación en el aire que te hace tiritar mirando a tu alrededor. El ruido del silencio como razón de ese estremecedor terror que te corroe y a la vez asombra gratamente. Adrenalina.
Mirando arriba, nubes. Nubes grises, azules, negras, sin un color definido quizás. Detrás de ellas la luna, las estrellas y otro tanto de inmenso terror.
Soledad absoluta y sin embargo con sentimiento de estar siendo observado. Sensación de seguridad momentánea.
Supongo que lo bello se encuentra también en lo terrorífico, lo irracional.
Podría ser lo que con la luz encendida en tu pequeña habitación te estás perdiendo.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Fuera pesimismos


Por un instante me he dado cuenta de que en cualquier momento, sin pensarlo, pueden pasar de un plumazo treinta años. Treinta años sin retorno , de errores, victorias y suspiros a los que ni les pones nombre ni sabes en qué gastar porque simplemente no eres conciente de lo que te pasa hasta vacíos años después, cuando tu tiempo se agota y sientes esa misma sensación de inquietud de la juventud.

Que aunque sueñes al máximo llegará el momento en el que te plantees cuánto más podrías haber hecho y tu vida se hará insignificante. Ya no pensarás que eres especial entre el resto ni que podrás comerte el mundo algún día, porque el mundo no espera ni por ti ni por nadie y lo especial que tenías respecto a los demás era cómo ibas a aprovechar tu tiempo, mañana.

Y todo esto no es un pensamiento pesimista, para nada, es quizás una plasmación de lo que veo. Esas caras largas con veinte años, como si todo estuviese ya hecho pero quedase todo el tiempo ya no del mundo, sino del universo. Ese apalancamiento y dejadez. Ese silenciamiento de la inquietud que a todos nos corroe por dentro alguna vez y que acallamos sin miramientos.

Esto sólo podría ser una llamada de atención si en el fondo no supiera que es mi forma de acallar estos gritos sordos que me corroen una y otra vez sin saber realmente cómo encaminarlos.