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sábado, 16 de noviembre de 2013

¿Quién no quiere mejorar?

Ser mejores, ¿cómo? No podremos avanzar ya no sólo como nación, sino como sociedad, hasta que se valore como se merece el papel de la educación como base de nuestro desarrollo. Hasta que nos sentemos y le dediquemos el tiempo que sea necesario a mejorar este sistema que cada vez deja más que desear y nos afecta negativamente.

Tomémoslo como una honesta inversión a largo plazo, sin volver al pasado, sin intereses de un pequeño colectivo, trabajando duramente en el presente. Avanzando.

A fin de cuentas todos – absolutamente todos – somos producto de una “mala educación”, en el sentido más amplio del término, la cual idealizamos y sentenciamos tajantemente como definitiva. La educación se renueva, revoluciona y vibra, es curiosa y mueve masas, desarrolla nuestro potencial y no se estanca, forja nuestro futuro, nos hace más humanos, más libres y en parte por ello, más sabios. Mejores.

Es una auténtica pena que aunque esto no sea nada nuevo haya gente que haga lo imposible por olvidarlo; por conseguir que las aguas de ese gran estanque no se abran al océano.

lunes, 23 de septiembre de 2013

La ventana discreta

Hay lugares que tienes que respirar, escuchar y mirar con atención para descubrir que no son tan inhóspitos como parecen en un principio. Lugares como en el que estoy en este preciso momento. 

Este sitio sucio, con ruinas de una antigua fábrica de la que extrañamente no todos conocen su historia, huele a mar de una forma peculiar. Da la sensación de que en tus pulmones se forman oleajes de ese agua salada y pura que rompen con fuerza en el silencio de una noche oscura y vacía de un barrio oscuro y vacío, con casas oscuras y vacías, en su mayoría. Aun así en algún edificio hay ventanas abiertas con luces encendidas y ningún movimiento salvo el de las cortinas. Esto invita a sentarte en el escritorio mientras los demás duermen y disfrutar viendo cómo pasa el camión de la basura que de una forma rara te atrapa con su luz naranja intermitente.

Momentáneamente el odio a todo esto se disipa sin saber muy bien por qué, sin nada especial, nada de esas cosas que hacen vibrar y reír un día normal pero bueno, hoy la noche me sonríe, parece que esta noche también cuenta de una forma u otra y me regala un poco de cariño que con otra sonrisa le devuelvo.


Hay lugares que pasan desapercibidos. Hay lugares que tienes que respirar, escuchar y mirar con atención para descubrir que no son tan inhóspitos como parecen en un principio. Lugares como en el que estoy en este preciso momento.  A este sitio sucio, con ruinas, oscuro y vacío hay que odiarlo mucho para quererlo.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Observaciones y locuras

La sombra se camuflaba entre las nocturnas y húmedas calles de piedra creyendo (y esto sólo es una suposición) que la luz nunca llegaría, sin plantearse siquiera si el segundero continuaba con su cíclica travesía o si por algún casual se había detenido junto a su vida.
Sin embargo intentaba aprovechar cada momento como si del último se tratase, como si no fuese un obscuro cúmulo de denso humo, como si no le costase lo más mínimo, como jugando a las apneas con una sonrisa. Lo intentaba sin razón alguna pero desesperadamente llamando la atención de cualquiera que, a su vez, se hacía el loco.

martes, 13 de agosto de 2013

Espuma y nácar

En la oscuridad se aprecian crestas blancas, espumosas. Me distraigo con una ramita que está entre la arena y me pincha el pie. Vuelvo a mirar y sigue oscuro. Negro. Me tumbo, miro al cielo y descubro. Un mundo sin estrellas, sólo más espuma y algodón en distintos tonos de gris y negro.
Aparece un claro y por detrás un inmenso espacio plagado de nácar brillante. Más gris, cierro los ojos y todo se vuelve más, más, más negro. Escucho al mar rugir aunque de vez en cuando susurra y vuelvo a abrir los ojos, ya no está tan oscuro aunque sigue todo como antes. Reparo en el faro que está a lo lejos. Me atrapa en su giro mientras la espuma centellea.

martes, 6 de agosto de 2013

Resaca

Tras los sucesos acontecidos en las últimas horas el día ha amanecido peleón, como un rayo punzante que atraviesa la sien. El olor a salitre se mezcla con la dulzura de la gotas de lluvia que entran por la ventana y una luz blanquecina juguetea tapando los ojos dejando sólo un resquicio borroso. Los recuerdos de diferentes días y meses, años si me apuráis, comienzan a agolparse sin inicio ni fin -ni siquiera hay algo que los delimite- como si hubieran sucedido en el mismo momento.

En la ducha el agua cae a borbotones y el deseo de que, mientras oscurece y aplasta el pelo sobre la frente, arrastre todos esos momentos que no dejan de girar desde la base del cráneo hasta la coronilla va creciendo. Un grito sordo, imaginado. Un ¡para! silencioso, reflejado en la mirada de la mampara. Un intento de descanso y de paz perturbado: ¡Para!,¡para!,¡para!, pero el torbellino que se acumula a los pies se lleva los deseos y las ganas y la inexpresión  invade el rostro. La vida continúa girando en la cabeza mientras tú no eres tú, el sueño el único amigo y el miedo un sombrero.

viernes, 28 de junio de 2013

SIGILLUM REG UNIVERSITAT COMPOSTELLAN

Puede que sea la última vez en la que tu luz consuele mis hombros y tu brisa alegre hasta la más amarga de mis lágrimas. La vez final en la que tus momentos me agobien y enseñen a la vez.
Sin embargo es de las primeras veces que siento esta calma, de las primeras veces en las que casi literalmente me dejas sin brújula en medio del ojo del huracán.

viernes, 31 de mayo de 2013

Pasatiempos preferidos y aburridos.

   Recuerdo que uno de mis pasatiempos preferidos era vagar en silencio por toda la casa. Que nadie supiese que estaba ahí.
   Me encantaba colarme en las habitaciones y tumbarme en el suelo para mirar por la ventana. Mirarme los pelos del brazo cuando me daba la luz.
   Lo pasaba genial oliendo todo: los vinilos, los libros, los sofás del salón, los jarrones y las lámparas porque era como una ráfaga de viento antiquísimo, casi de la época de los faraones.
   Adoraba mirar por la rendija de la puerta de la cocina cómo fregaban los cacharros o hacían la comida mientras hacía que hablaba como una espía por el teléfono con forma de plátano.
   Algo que habituaba a hacer pero que odiaba era buscar piezas por toda la casa: tornillos, clavos, ladrones, interruptores... e intentar montar un robot que salvase al mundo de una futura apocalipsis. Era muy aburrido y cansaba muchísimo pero era mi deber.
   Muchas veces disfrutaba sentándome en el piano de la entrada, ese que estaba desafinado, tocando lo que se me viniese a la cabeza y aporreando de vez en cuando las teclas para que se abriese la tapa del reloj que estaba encima.
   Odiaba dormir porque eso quería decir que estaría sola en una habitación con los monstruos que se escondían en el pasillo, detrás de las estanterías. Eran muy feos y aunque nunca se acercaban a mí, se me quedaban mirando desde la oscuridad y yo tenía que taparme la cara con mi libro de cuentos.
   Ya ha pasado mucho tiempo de todo esto pero me encanta volver a esa casa y recordar todo lo que imaginaba e inventaba. Volviendo a buscar piezas para hacer robots y ver cuáles son las que me valdrían en aquel entonces, recorrer las habitaciones y los pasillos y mirar cómo cocinan. Aunque eso sí, no he vuelto a ver a ningún monstruo.