LLevo una temporadita, una temporadita de dos meses, con el dolor agradable de los recuerdos felices.
Escucho a Marisol y a su pequeña estrella y me acuerdo de tus historias, aquellas que contabas mientras yo estaba tirada en el suelo o apoyada en tu regazo; cuando en ti me podía apoyar.
Misteriosamente el otro día me di cuenta de que cada vez me parezco más a ti. No se si es cosa de la edad o del subconsciente, ni siquiera sé si me gusta aunque he de reconocer que es un honor ser casi tan cafre como tú.
Tu olor es lo que más recuerdo aunque veo tu cara todos las mañanas cuando abro los ojos y todas las noches cuando los cierro. Te imagino guardando mis historias en tu armario viejo, justo detrás de la puerta de tu habitación. Recuerdo tu mirada, cómo me mirabas aunque te veo borrosa, pero tranquila, es porque lloro.
Soy muy feliz, abuela. Me gustaría que pudieras ver cuánto. Estoy en la Universidad, donde decías y deseabas que llegase. ¿Pero sabes que pasa? Que pienso en tus recuerdos, los tuyos que sólo yo guardo.
No puedo evitar darle vueltas a la cabeza.
A veces me veo haciendo tu vida. Gustosa por supuesto. Tus anécdotas de juventud, esas que tanto me hacían reir y las que yo misma presencié en tu 'vejez'. Cualquier tiempo pasado fue mejor.
Te confesaré una cosa: te tengo mucha envidia.
Tu vida, tu vida merecía la pena. Tú misma conseguiste eso y me enseñaste cómo hacerlo pero lo lamento abuela, me veo nublada por tu sombra porque sí, sigue aquí aunque no estés.
LLendo al grano, me gustaría haber podido dar mi vida por la tuya, porque en estos dos meses de olfatear recuerdos he llegado a la conclusión de que mi felicidad no vale nada sin tus futuras anécdotas y el mando del televisor en tu bolso a modo móvil.
Es increíble lo que tira la sangre a veces. Es increíble lo mucho que te quiero y más increíble aún es que sea tan afortunada de haber creído tenerte.
Gracias por todo. Te seguire escribiendo, como siempre.
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sábado, 13 de marzo de 2010
viernes, 12 de marzo de 2010
lunes, 8 de marzo de 2010
Hora aburrida.
Hoy he leído el periódico gratuíto, ese que cojo todas las mañanas y que nunca ojeo aunque mi carrera exige que esté al tanto de lo que en el mundo acontece.
Hoy mi rutina ha cambiado gracias al profesor de Derecho Aministrativo, "profesor" en el sentido más peyorativo de la palabra.
Parece que comienzo a levantar cabeza. Poco a poco, sin prisa y después de una larga pausa.
Hoy mi rutina ha cambiado gracias al profesor de Derecho Aministrativo, "profesor" en el sentido más peyorativo de la palabra.
Parece que comienzo a levantar cabeza. Poco a poco, sin prisa y después de una larga pausa.
domingo, 7 de marzo de 2010
"Reflexión guapa"
La Felicidad está en buscarla, buscarla sin cesar y en ocasiones creer que la tienes agarrada de los mismísimos.
Está allí donde en principio no hay nada.
Por eso es tan importante creer.
Está allí donde en principio no hay nada.
Por eso es tan importante creer.
sábado, 6 de marzo de 2010
A Ces.
Tengo una amiga que quizás sea de las pocas que tenga de verdad.
Nuestra amistad surgió cuando me pidió que le cogiese unos snacks de la parte alta de una estantería del GADIS porque sí, es muy bajita.
Es un pequeño micrófono alegre, independiente, cariñoso, y con muy mala uva a veces.
Por lo general te da un golpe en el brazo para decirte lo cuantísimo que te quiere y alarga mucho las palabras cuando pronuncia tu nombre precedido de un: "Ohhhhh..."
También suele preguntarle a todo el mundo si te quieren mucho, no sé la razón pero ya me ha pasado en repetidas ocasiones lo de estar en un grupo y sin venir a cuento ella soltar: "¿No queréis a Prado un montón?"
Ella es así. Natural.
Ella es mi amiga de Barna enamorada de la ciudad de las olas.
Ella es, señores, la que me regalará un jamón por Navidad.
Nuestra amistad surgió cuando me pidió que le cogiese unos snacks de la parte alta de una estantería del GADIS porque sí, es muy bajita.
Es un pequeño micrófono alegre, independiente, cariñoso, y con muy mala uva a veces.
Por lo general te da un golpe en el brazo para decirte lo cuantísimo que te quiere y alarga mucho las palabras cuando pronuncia tu nombre precedido de un: "Ohhhhh..."
También suele preguntarle a todo el mundo si te quieren mucho, no sé la razón pero ya me ha pasado en repetidas ocasiones lo de estar en un grupo y sin venir a cuento ella soltar: "¿No queréis a Prado un montón?"
Ella es así. Natural.
Ella es mi amiga de Barna enamorada de la ciudad de las olas.
Ella es, señores, la que me regalará un jamón por Navidad.
viernes, 5 de marzo de 2010
Para 'Charlie Eco Sierra'
Mi nivel de hijoputismo es bastante más elevado de lo que cabe esperar y únicamente trato bien a los micrófonos o seres estrafalarios creados por mi mente.
Mi nivel de hijoputismo no tiene límites y si quiero, mañana mismo te pongo pasta de dientes en la cara mientras duermes y me quedo tan ancha.
Mi nivel de hijoputismo es tal, que te puedo dar un beso en la mejilla y al instante echarte el cuerno y decirte que no te quiero volver a ver.
Soy una hija de chacal adoptiva y me gusta.
Mi nivel de hijoputismo no tiene límites y si quiero, mañana mismo te pongo pasta de dientes en la cara mientras duermes y me quedo tan ancha.
Mi nivel de hijoputismo es tal, que te puedo dar un beso en la mejilla y al instante echarte el cuerno y decirte que no te quiero volver a ver.
Soy una hija de chacal adoptiva y me gusta.
lunes, 1 de marzo de 2010
28.02.2010
Se acabó el fin de semana y los estudiantes colapsamos la estación de autobús. Sí, la colapsamos.
Recuerdo que entre la jauría de gilipollas perdí a mis amigas y que cuando subí y peleé por llegar donde ellas estaban ya no había sitio.
Recuerdo también pedirle a una chica-rasta si me dejaba sentarme con ella dos filas más adelante. Muy maja ella, tú.
El caso es que el viaje dura hora y media y yo, 'desgraciaíta' de mi no llevaba un mísero libro ni unos malditos cascos para entretenerme por lo que decidí relatar mentalmente el trayecto y analizar a los sujetos que me rodeaban.
Comencé por mi rastacompi. Muy maja ella, tú. En cuanto me senté se preocupo mucho por dejarme un poco del espacio vital recomendado para evitar la tensión. Muy maja ella, tú. Y rápidamente sacó un libro.
No sé si por hacerse la interesante o por intentar pasar el rato con una desconocida al lado, la cosa es que yo estaba tranquilísima y agustísimo. Más tarde comprendería que ella no, ya que al llegar a nuestro destino sólo había pasado tres páginas y no estoy segura de que tuviese mucha idea de qué iban. La pondría nerviosa, yo qué se. Muy maja ella, tú.
Observé todo con la mirada perdida, por eso de no incomodar a la gente y que se pensansen todos que yo era autista o al menos tan subnormal como ellos.
Delante tenía a una chica no-guapa que estaba sola. Al poco rato se sentó un chico feo a su lado.
Hombre, ella era no-guapa pero podía aspirar a algo más, o eso pensaba cuando los vi juntos y comenzaron a hacerse carantoñas.
Al rato, y por las pasteladas y mamonerías que se decían, sentí necesidad de suicidarme. Prometo que la sentí y no fui la única.
Un tipo que estaba al otro lado del pasillo, a la altura de las dos 'napolitanas de crema' estas, se había dormido con la cabeza hacia delante. Fue más listo que yo aunque está por comprobar que estuviera durmiendo.
Más de una vez miré la salida de emergencia del techo. Más de una, de dos y de tres.
Como los pastelosos me agotaban decidí centrarme en el señor puede-que-duerma. Tío listo con cabeza colgante. A veces hacia grhgrhgrhgrh. Tio no- roncador. Tio guay.
Acabé harta porque claro, aquí tardo medio minuto en escribir pero imagínense media hora viendo ese percal.
Opté pues por ampliar horizontes y mirar más allá. A un medio-calvo. Pobre, muy majo él, tú.
Así fui pasando el tiempo, mirando la salida de emergencia, a mis compañeros busianos y escogiendo a quién salvar en caso de accidente. Aclaro que a esas horas no me petecía dulce por lo que seguramente la parejita de enfrente allí quedase. Solos.
Bueno, llegamos a Santiago y salí por patas de aquella pocilga, entré en mi habitación veinte minutos más tarde y comencé con mi rutina.
La misma rutina cansina.
Recuerdo que entre la jauría de gilipollas perdí a mis amigas y que cuando subí y peleé por llegar donde ellas estaban ya no había sitio.
Recuerdo también pedirle a una chica-rasta si me dejaba sentarme con ella dos filas más adelante. Muy maja ella, tú.
El caso es que el viaje dura hora y media y yo, 'desgraciaíta' de mi no llevaba un mísero libro ni unos malditos cascos para entretenerme por lo que decidí relatar mentalmente el trayecto y analizar a los sujetos que me rodeaban.
Comencé por mi rastacompi. Muy maja ella, tú. En cuanto me senté se preocupo mucho por dejarme un poco del espacio vital recomendado para evitar la tensión. Muy maja ella, tú. Y rápidamente sacó un libro.
No sé si por hacerse la interesante o por intentar pasar el rato con una desconocida al lado, la cosa es que yo estaba tranquilísima y agustísimo. Más tarde comprendería que ella no, ya que al llegar a nuestro destino sólo había pasado tres páginas y no estoy segura de que tuviese mucha idea de qué iban. La pondría nerviosa, yo qué se. Muy maja ella, tú.
Observé todo con la mirada perdida, por eso de no incomodar a la gente y que se pensansen todos que yo era autista o al menos tan subnormal como ellos.
Delante tenía a una chica no-guapa que estaba sola. Al poco rato se sentó un chico feo a su lado.
Hombre, ella era no-guapa pero podía aspirar a algo más, o eso pensaba cuando los vi juntos y comenzaron a hacerse carantoñas.
Al rato, y por las pasteladas y mamonerías que se decían, sentí necesidad de suicidarme. Prometo que la sentí y no fui la única.
Un tipo que estaba al otro lado del pasillo, a la altura de las dos 'napolitanas de crema' estas, se había dormido con la cabeza hacia delante. Fue más listo que yo aunque está por comprobar que estuviera durmiendo.
Más de una vez miré la salida de emergencia del techo. Más de una, de dos y de tres.
Como los pastelosos me agotaban decidí centrarme en el señor puede-que-duerma. Tío listo con cabeza colgante. A veces hacia grhgrhgrhgrh. Tio no- roncador. Tio guay.
Acabé harta porque claro, aquí tardo medio minuto en escribir pero imagínense media hora viendo ese percal.
Opté pues por ampliar horizontes y mirar más allá. A un medio-calvo. Pobre, muy majo él, tú.
Así fui pasando el tiempo, mirando la salida de emergencia, a mis compañeros busianos y escogiendo a quién salvar en caso de accidente. Aclaro que a esas horas no me petecía dulce por lo que seguramente la parejita de enfrente allí quedase. Solos.
Bueno, llegamos a Santiago y salí por patas de aquella pocilga, entré en mi habitación veinte minutos más tarde y comencé con mi rutina.
La misma rutina cansina.
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