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sábado, 31 de julio de 2010
viernes, 30 de julio de 2010
Buen día.
Realmente hace mucho que no hago esto.
Hoy voy a hablar sobre lo que he hecho esta tarde.
Esta tarde, señoras y señores, tras mantener una agradable conversación en el Galatea entre hielos y cafés con un pack que conocí en el instituto hará ya...tres años...me dispuse a comprar un kilo de zanahorias por setenta céntimos en MERCADONA, gran amiga mía y de todos.
Nunca pensé que diría esto pero ( y este es un mensaje dedicado a todas las zanahorias del mundo) me gustáis, me atraéis y os quiero. Además os agradezco de corazón esta visión de rayos X que me habéis proporcionado ya que hoy, nada más llegar a mi habitación, he vislumbrado entre la ropa amontonada en mi suelo mi móvil, perdido esta misma mañana.
Hoy voy a hablar sobre lo que he hecho esta tarde.
Esta tarde, señoras y señores, tras mantener una agradable conversación en el Galatea entre hielos y cafés con un pack que conocí en el instituto hará ya...tres años...me dispuse a comprar un kilo de zanahorias por setenta céntimos en MERCADONA, gran amiga mía y de todos.
Nunca pensé que diría esto pero ( y este es un mensaje dedicado a todas las zanahorias del mundo) me gustáis, me atraéis y os quiero. Además os agradezco de corazón esta visión de rayos X que me habéis proporcionado ya que hoy, nada más llegar a mi habitación, he vislumbrado entre la ropa amontonada en mi suelo mi móvil, perdido esta misma mañana.
martes, 27 de julio de 2010
A la sombra del ciprés
Amplia sonrisa y tristes ojos son los que caminan por aquel solitario campo.
Rápidas zancadas y brazos cruzados bajo un sol abrasador.
Comienza a llover sobre las mejillas mientras se aleja de aquella interte placa.
Suaves y cálidos recuerdos habían caído sobre ella bronceándola.
Con la cara encarnada y los pies polvorientos llegó a su casa, se tumbó en su sofá y durmió toda la noche.
Descansó en paz indefinidamente y cuando abrió de nuevo los ojos y observó por la ventana encontró aquel maravilloso paraje que la estaba esperando, sólo a ella.
Rápidas zancadas y brazos cruzados bajo un sol abrasador.
Comienza a llover sobre las mejillas mientras se aleja de aquella interte placa.
Suaves y cálidos recuerdos habían caído sobre ella bronceándola.
Con la cara encarnada y los pies polvorientos llegó a su casa, se tumbó en su sofá y durmió toda la noche.
Descansó en paz indefinidamente y cuando abrió de nuevo los ojos y observó por la ventana encontró aquel maravilloso paraje que la estaba esperando, sólo a ella.
No recordaba su nombre y en aquel mismo momento volvió sobre sus pasos, surcó con sus dedos la inscripción de la fría piedra y se tumbó a la sombra del ciprés.
lunes, 26 de julio de 2010
Perdiendo oportunidades.
No se trata de otra cosa que de mi incapacidad a la hora de mostrarme.
Y es que es tan difícil ser...
Y es que es tan difícil ser...
lunes, 19 de julio de 2010
Missing...
¡Pobre hormiga!
Después de una larga jornada de trabajo sólo ha conseguido una mísera cuarta parte de maíz. No llega ni para que le den la enhorabuena. Se siente fatal.
Ha entrado en casa empapada, cansada y con ganas de un abrazo. No se siente bien, no está satisfecha, se sabe sola y lo primero que se encuentra, lo primero que divisa al llegar a su hormiguero es a su gran familia que ya se ha puesto a cenar sin ella y le gritaban para que no empapara la entrada.
Estaba claro, la vida continúa y ella no puede formar parte de eso ya.
Después de una larga jornada de trabajo sólo ha conseguido una mísera cuarta parte de maíz. No llega ni para que le den la enhorabuena. Se siente fatal.
Ha entrado en casa empapada, cansada y con ganas de un abrazo. No se siente bien, no está satisfecha, se sabe sola y lo primero que se encuentra, lo primero que divisa al llegar a su hormiguero es a su gran familia que ya se ha puesto a cenar sin ella y le gritaban para que no empapara la entrada.
Estaba claro, la vida continúa y ella no puede formar parte de eso ya.
domingo, 18 de julio de 2010
Relatillo
Esta es una historia como otra cualquiera. Un simple relato en el que una pequeña, una pequeña de pelo castaño rojizo, de unos siete años, con agujeros en vez de paletas, mirada brillante y piernas llenas de moratones colgaba boca abajo de la rama de un árbol.
Era el único árbol de ese inmenso campo, a unos cien metros de su casa; una pequeñita casa de madera, con chimenea y mecedora a la entrada.
La niña observaba, desde la lejanía y boca abajo, cómo el viento jugueteaba con la vieja mecedora a la vez que lo hacía con su pelo.
Asombrada reía por las cosquillas y decidió trepar hasta la rama más alta.
Así lo hizo y desde arriba divisaba el río y la puesta de sol.
Las hormigas recorrían sus piernas magulladas pero ella las dejaba mientras las observaba con una pícara sonrisa.
No tenía ya más ocupación que contar hojas cuando cayó la noche y salieron las primeras estrellas en el campo. Estuvo un buen rato contemplando cómo se movían, su luz, hasta que se dio cuenta de que en esos momentos estaba más cerca del cielo que nunca.
Levantó la cabeza y allí estaba. Una bola de queso enorme y miles de luciérnagas.
Arrancó una ramita e intentó estirarse para ver si encontraba en ese amplio cielo un agujero en el que viviera álgún grillo cantarín. Siempre con su pícara sonrisa.
Era el único árbol de ese inmenso campo, a unos cien metros de su casa; una pequeñita casa de madera, con chimenea y mecedora a la entrada.
La niña observaba, desde la lejanía y boca abajo, cómo el viento jugueteaba con la vieja mecedora a la vez que lo hacía con su pelo.
Asombrada reía por las cosquillas y decidió trepar hasta la rama más alta.
Así lo hizo y desde arriba divisaba el río y la puesta de sol.
Las hormigas recorrían sus piernas magulladas pero ella las dejaba mientras las observaba con una pícara sonrisa.
No tenía ya más ocupación que contar hojas cuando cayó la noche y salieron las primeras estrellas en el campo. Estuvo un buen rato contemplando cómo se movían, su luz, hasta que se dio cuenta de que en esos momentos estaba más cerca del cielo que nunca.
Levantó la cabeza y allí estaba. Una bola de queso enorme y miles de luciérnagas.
Arrancó una ramita e intentó estirarse para ver si encontraba en ese amplio cielo un agujero en el que viviera álgún grillo cantarín. Siempre con su pícara sonrisa.
lunes, 12 de julio de 2010
Hermana.
Yo tengo una hermana.
Sí, es más pequeña que yo y sí, quizás no debería proporcionar esta información a los lectores de mi blog pero siento la necesidad de hacerlo.
Tengo una hermana de la que puedo afirmar, estoy orgullosa.
Estos últimos meses he ido observando sus avances y su proceso de maduración. No digo que yo sea aquí lo más en esto de madurez pero me he dado cuenta de lo mucho que nos parecemos ella y yo en sus tiempos y de que, con el tiempo comienza a actuar como yo en muchos aspectos. Actuaciones que considero acertadas.
No sé, quizás al ser la hermana mayor me sale el instinto protector y analítico, quizás simplemente la quiero mucho. Puede que las dos cosas.
Mi orgullo por ella se basa, especialmente, en lo claros que comienzo a ver sus principios.
Mi orgullo se basa en la satisfacción personal que siento al tenerla a mi lado aún estando tan lejos este último año.
Se basa en los nuevos razonamientos que es capaz de hacer y en las nuevas formas que ha descubierto para expresarse y que afortunadamente me ha mostrado a mí, su hermana.
Me siento orgullosa del cambio en nuestra relación, del paso de nuestras grandes riñas por nuestro espacio vital, de las órdenes que le daba cuando quería un vaso de agua, de sus mordiscos en mis brazos... a nuestras conversaciones sobre economía, o sobre relaciones entre amigos o familiares.
No sé me siento bien al ir conociendo y viendo surgir a una nueva persona que, he de añadir, ya es maravillosa.
Y no, no es su cumpleaños ni nada por el estilo pero ya iba tocando hablar sobre una de las personas más importantes de mi vida. Prácticamente desde mis inicios.
PD: Sé que leerás esto así que no te flipes. No significa nada, es una confesión puntual, que estoy sensible.
Sí, es más pequeña que yo y sí, quizás no debería proporcionar esta información a los lectores de mi blog pero siento la necesidad de hacerlo.
Tengo una hermana de la que puedo afirmar, estoy orgullosa.
Estos últimos meses he ido observando sus avances y su proceso de maduración. No digo que yo sea aquí lo más en esto de madurez pero me he dado cuenta de lo mucho que nos parecemos ella y yo en sus tiempos y de que, con el tiempo comienza a actuar como yo en muchos aspectos. Actuaciones que considero acertadas.
No sé, quizás al ser la hermana mayor me sale el instinto protector y analítico, quizás simplemente la quiero mucho. Puede que las dos cosas.
Mi orgullo por ella se basa, especialmente, en lo claros que comienzo a ver sus principios.
Mi orgullo se basa en la satisfacción personal que siento al tenerla a mi lado aún estando tan lejos este último año.
Se basa en los nuevos razonamientos que es capaz de hacer y en las nuevas formas que ha descubierto para expresarse y que afortunadamente me ha mostrado a mí, su hermana.
Me siento orgullosa del cambio en nuestra relación, del paso de nuestras grandes riñas por nuestro espacio vital, de las órdenes que le daba cuando quería un vaso de agua, de sus mordiscos en mis brazos... a nuestras conversaciones sobre economía, o sobre relaciones entre amigos o familiares.
No sé me siento bien al ir conociendo y viendo surgir a una nueva persona que, he de añadir, ya es maravillosa.
Y no, no es su cumpleaños ni nada por el estilo pero ya iba tocando hablar sobre una de las personas más importantes de mi vida. Prácticamente desde mis inicios.
PD: Sé que leerás esto así que no te flipes. No significa nada, es una confesión puntual, que estoy sensible.
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